Despedido de su trabajo por ser candidato por Podemos

Este martes 24 de noviembre, tuvo lugar un hecho que verifica el estado de cosas en el que estamos viviendo ahora mismo. Mejor dicho, verifica, desgraciadamente, el estado de cosas actual en el que resulta imposible, no ya vivir, sino, simplemente sobrevivir.

Adolfo Ranero, candidato al Congreso de los Diputados por Podemos, fue despedido de manera fulminante al enterarse su empresa que va en las listas de Podemos.

La empresa, Everis, el puesto, consultor en ciberseguridad, el contrato, indefinido, el proyecto, montar la oficina de seguridad en un cliente, la forma de trabajo, cesión ilegal.

Cuatro meses, todo iba bien. El trabajo de una oficina de seguridad es duro, y más cuando se está implantando. Luchas con todos los departamentos, la gente no quiere cambiar las passwords, los procedimientos de seguridad son “molestos”, las medidas a tomar “consumen demasiado tiempo”, investigaciones forenses, hacking ético, en fin, el trabajo normal de una oficina de seguridad.

En este periodo el jefe felicita varias veces a Adolfo y al resto de sus compañeros por el buen trabajo hecho, por el interés y la profesionalidad. Pero, de repente y “misteriosamente”, todo cambió de golpe.

El miércoles 18 de noviembre se publican las listas de los candidatos en el BOE.

El jueves 19 de noviembre, Adolfo, como de costumbre, se va a comer con su jefe, con el que estaba cogiendo cierta confianza y este le dice exultante: “Adolfo, mira, resulta que como consecuencia de nuestro buen trabajo, nos han aumentado un 25% el presupuesto que había pedido.”

Adolfo se siente fenomenal, fantástico, guay, chachi piruli, vamos.

Pero de repente, ese mismo día, al final de la tarde, el jefe saca a Adolfo a la calle, aparte, y le empieza a echar una bronca que no comprende, por un asunto sin importancia. Adolfo se va a su casa perplejo.

El fin de semana, Adolfo y sus amigos del círculo Podemos de Colmenar Viejo se dedican a publicar en facebook y en twitter, a troche y moche, que Adolfo es candidato al congreso, así como otro compañero de Colmenar. Y en las mesas informativas que ponían ese fin de semana, se lo cuentan a todo el mundo.

Adolfo está pero que muy contento y lo publica también en su facebook y se lo cuenta a todas y todos sus amigos.

Llega el lunes y Adolfo es llamado a capítulo por el director de su departamento, diciéndole que es que lo que había pasado el jueves (que no había pasado nada), que claro, que su jefe, el de Adolfo, que ya le había echado la bronca ese jueves por la tarde (Adolfo seguía igual o más perplejo aún por esta amplificación de la bronca-por-nada) y que eso no podía ser, que debía cambiar de actitud. (Adolfo no sabía a qué actitud se refería.)

Adolfo, en el colmo del estupor y navegando ya en los procelosos mares del surrealismo, le dice al director del departamento que sí, claro, que cambiará su actitud (seguía sin saber cuál exactamente) y que no se preocupe, que tranquilo. Adolfo se va a su casa, contento y satisfecho pensando que había resuelto un problema que no existía, que era una tontería y que ya había pasado.

El director del departamento le manda un mensajito a Adolfo, el lunes ya tarde, diciéndole que se pase el martes por la mañana otra vez a verle.

Adolfo, cual pepe obediente, se presenta de nuevo el martes y hete aquí que el director le planta la carta de despido en la cara, pero, en el colmo del surrealismo, la carta despido no argumenta ningún motivo para el despido, sólo dice que van a prescindir de sus servicios y que le despiden.

La de recursos humanos, cuando le entrega la carta, le dice al pobre Adolfo, literalmente: “No, si sabemos que este despido es improcedente. No te preocupes, ves a juicio y allí te pagaremos lo que te tenemos que pagar. Pero es que no podemos poner el motivo real del despido en la carta.” Literal. Terrible. Cruel.

Adolfo, con cara de teleñeco y boquiabierto (mentalmente), coge la carta de despido, que no firma, claro, y se va.

El día 18 de noviembre se publicaron las listas de candidatos en el BOE.

El día 24 de noviembre, Adolfo fue despedido a causa de un “expediente X”.

¿Coincidencia?

Este hecho, que debería sorprendernos y dejarnos pasmados, lamentablemente, pasa casi desapercibido en el mar de despidos y precariedad en el que se ha convertido este país.

Es un hecho que en sí mismo es una violación flagrante de los derechos sindicales, sociales y humanos y que es propio de dictaduras, de sistemas feudales o, más bien, pre-feudales, en una época en que gran parte de la humanidad sustentaba su economía a lomos de los esclavos.

Es muy triste reconocer que este hecho, no como paradigma sino como punta del iceberg, nos retrotrae a una época de la humanidad que todo el mundo considera superada. Una época que debería estar superada.

Por una parte, esto es un indicativo, un síntoma de la flagrancia a la que se ha llegado en el no respeto a los derechos y, por tanto, a las personas. Esto es un testigo de que la sociedad en la que vivimos actualmente es la sociedad en la que queremos dejar de vivir. Es una denuncia de un gobierno que sólo y en exclusiva se preocupa de alimentar a ese 1% de personas que parecen creerse los dueños de todo y de todos y nos dejan a todos en la nada de las nadas.

Basta ya.

Basta ya y Sí Se Puede.

Sí se puede cambiar, pasar de época, franquear el umbral, avanzar hacia la utopía, anhelar el cielo.

Sí se puede cambiar el estado de las cosas, para que nunca más un hecho de estas características tenga que ser noticia, simplemente, porque ya no se produce.

Sí es posible la transición hacia un sistema, hacia una sociedad que se centre en las personas, sus necesidades y sus anhelos, sus sueños y miseras, sus logros y fracasos.

Sí es posible construir espacios de trabajo en los que nunca más cada trabajador y trabajadora vaya con miedo todas las mañanas a ocupar su puesto, con la daga permanente del despido inmediato, pendiendo sobre sus cabezas.

Sí se pueden generar espacios de trabajo donde todas y todos, en igualdad, colaboremos con nuestra labor diaria en la construcción de una sociedad más justa, donde las condiciones laborales sean dignas y adecuadas para el desarrollo de las personas, de las familias, de las comunidades.

Es posible generar organizaciones que gestionen de otra forma el trabajo, no centrándose ya nunca más en el beneficio por el beneficio, sacrificando a trabajadoras y trabajadores para tal fin.

Es posible. Lo sabemos y ahora, tenemos la oportunidad de hacerlo y sabemos cómo hacerlo. Sabemos cómo materializarlo.

El día 20 de diciembre tenemos en nuestras manos la oportunidad de cambiar las cosas para siempre y de manera irreversible. Ejerzamos ese poder y materialicemos el Cambio.

Sí Se Puede, Sí Podemos y lo vamos a hacer.

Adolfo Ranero alias adoranser

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